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Interes General

Crónicas de trabajadores que viven bajo la incertidumbre de la renovación de sus contratos

El timbre sonó unos minutos después de las 21. Los operarios de la línea de producción de aire acondicionado dejaron sus puestos tan rápido como pudieron: sólo tienen media hora para cenar.

— Así que hasta el 18 de diciembre y después… vacaciones— dijo Alan al filo del cierre de su primer contrato.

—No son vacaciones — contestó un Eduardo, uno de los operarios con más de un contrato de experiencia en la fábrica.

—Bueno no, pero seguro el año que viene nos llaman. A vos te vienen llamando seguido ¿O no?

— Si seguido es un par de meses por año… entonces sí — sentenció un tanto resignado.

—No son vacaciones. Lo seguro es que nos quedamos sin trabajo. No hay nada que festejar.

“Vacaciones” les dicen los ingenuos al final del último contrato del año sin que nadie ni nada les garantice ser empleado de la fábrica al siguiente. El turno tarde comienza sus actividades a las 15 pero hay que estar unos 10 minutos antes en la planta para que la producción comience puntual.  Los del turno mañana salieron huyendo despavoridos, parece que algo les hubiese impedido dejar el lugar en orden como reza el reglamento de la empresa. Algunos puestos un poco más que otros, pero en todos los casos los operarios necesitan unos minutos para acomodarse: cajas fuera de lugar, comida escondida entre las gavetas que no llegaron a probar, tornillos desparramados por el piso de alguna guerra improvisada con entre dos o más operarios para matar las horas de trabajo. Esos minutos de retraso son minutos en los que está parada la línea. Son equipos que se descuentan de la producción al final de esa jornada, que se descuentan al final del mes.

Cerca de 50 operarios ingresan a la línea para montar equipos de aire acondicionado con el sello “Fabricado en A.A.E (Área Aduanera Especial) Tierra del Fuego. Industria Argentina”. Desembalaje, operarios de línea, soldadores, embaladores, reparadores; todos artífices necesarios para que los kits de ensamble terminen siendo un electrodoméstico.

Hablar de las diferencias entre contratados y efectivos es habitual. En IATEC, en su planta sobre calle Sarmiento a la vera del río Grande, el turno tarde está plagado de contratados, más del 50% en cada línea de aire acondicionado y unos 35 de 60 en las líneas de celulares están en esa condición. Los trabajadores intentan mantener los contratos a costa del cumplimiento de todas las normas de la compañía: ingresar a horario, dejar los puestos en condiciones, producir “con calidad” y mantener los registros de trabajo diarios al día.

Es que el contratado corre el riesgo de que cualquier cosita que se le escape lo deje afuera de la fábrica vaya uno a saber por cuánto tiempo, incluso sin motivo aparente. No pasa solamente en esta fábrica: la modalidad de contratos a plazo fijo se repite en todas las fábricas electrónicas de la provincia de Tierra del Fuego.

Al amparo de la ley 19.640, vigente hace desde 1972, Tierra del Fuego, la provincia más austral del país; se convirtió un lugar atractivo para que cientos de fábricas instalaran sus plantas. La medida llegó con la intención de poblar uno de los lugares más inhóspitos de Argentina remarcando la soberanía sobre el mismo debido a la importancia geopolítica del lugar. Los territorios marítimos circundantes  contienen no sólo a Tierra del Fuego sino su extensión hacia la Antártida y las preciadas Islas Malvinas. La presencia de argentinos viviendo en el lugar es al día de hoy trascendental. Los beneficios impositivos, como la eximición de impuestos de exportación fuera del área aduanera especial, la importación procedente del territorio nacional continental; entre muchas que describe la norma para fabricar productos —en su mayoría electrónicos—, ayudaron a que la Isla Grande se convierta en un polo industrial de trascendencia nacional donde se fabricarán elementos que terminarán en cada casa del país: televisores led, computadoras, aires acondicionados, y desde 2009 también teléfonos celulares.

Muchos de los que trabajan en estas fábricas vienen hasta el sur de la Patagonia, pocos deciden quedarse, pero a muchos menos se les da la oportunidad de hacerlo. Lejos quedó esa época donde la gente de Recursos Humanos de la empresa te esperaba en el aeropuerto y te llevaban a trabajar ni bien ponías un pie en tierra. O al menos así cuentan los que llegaron en esas primeras oleadas de migración interna a ocupar el entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego, cuando trabajo era el paquete de bienvenida a la isla. No sólo la población creció en esas oleadas migratorias: el comercio y las automotrices fueron dos de los rubros más favorecidos desde 1972  por los beneficios impositivos. Supermercados, el cine, restoranes y cafés, boliches y pubs, todo empezó a recibir los favores de tener una población económica pudiente. En una sociedad dominada en su mayoría por el trabajo estatal, la posibilidad de crecer de manera independiente a la par de la industria privada generó buenas perspectivas en todos los sectores económicos que comprendían las ciudades de Río Grande y Ushuaia.

A pesar de los ciclos de crisis que acompañaron el recorrido desde el 72, la tasa de crecimiento poblacional fue siempre en alza. Según el INDEC en  1970 había en Tierra del Fuego 13.527 habitantes. Con el impulso de la ley el crecimiento poblacional se mantuvo a tasas entre el 70 y 90% en las décadas siguientes. El censo de 2010 arrojó que en la isla había 127.205 habitantes. En 2009 la Cámara de Diputados convirtió en ley un proyecto que buscaba promover los productos fabricados en Tierra del Fuego. Se la denominó Ley de Impuestos internos que duplicaba el IVA de productos importados que se producían en la isla. Al “impuestazo electrónico”, como titularon algunos medios entonces, se le sumó el cierre a las importaciones de celulares lo que obligó a muchas firmas a empezar a producir en el territorio austral. Para 2010 la mayoría de las marcas tenían cerrados sus acuerdos y la producción creciente hizo entrar a mucha gente a trabajar. De este último movimiento migratorio aún no hay datos oficiales, sin embargo existe información que puede dar una idea del crecimiento en los años siguientes. En 2013 por ejemplo “los cambios de domicilio pasaron de 883 trámites en enero del 2013 a 1213 en el mismo período pero del corriente año” relataba el entonces secretario de Asuntos Registrales de la Provincia, Mariano Plecity. Otra crónica periodística hablaba en 2015 de 24.335 cambios de domicilio en toda la provincia solamente en 2014.

A pesar del crecimiento colosal no sólo en habitantes sino en establecimientos fabriles en todo el territorio, sigue habiendo un abismo entre el trabajo ideal y la realidad que hoy reina en la provincia. Entrar a un trabajo, cumplir un período de prueba de tres meses y quedar en planta permanente es un lujo de nadie puede arrogarse en las electrónicas fueguinas. Los procesos de efectivización son largos y pueden llevar años. Interminables renovaciones de contratos, uno tras otro, mes a mes pero a plazo fijo. En la mayoría de los casos, las renovaciones llegan el último día hábil durante una agobiante jornada laboral cargada de incertidumbre. Los encargados de recursos humanos, o incluso los supervisores, van puesto por puesto haciendo firmar la aliviadora renovación.

Fuente: Big Sur

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