Los últimos datos oficiales encendieron una señal de alarma: en 2024 la mortalidad infantil registró un incremento y revirtió una trayectoria de mejora que se sostenía desde principios de los 2000.
De acuerdo con el Anuario de Estadísticas Vitales publicado por el Gobierno nacional, la tasa pasó de 8 a 8,5 por mil, un salto de 0,5 puntos que marca el primer retroceso de este indicador desde 2002.
En términos absolutos, el informe contabiliza 3.513 muertes de niñas y niños menores de un año. El dato se da, además, en un contexto de caída de nacimientos: hubo cerca de 47.000 menos que el año anterior, lo que vuelve aún más relevante el cambio en la tasa.
Especialistas y analistas atribuyen el deterioro a una combinación de factores: crisis económica, pérdida de poder adquisitivo, inflación y devaluación, junto con recortes y menor presencia estatal en áreas sensibles del sistema sanitario. También mencionan ajustes en hospitales y programas, incluyendo recortes vinculados al Hospital Garrahan.
En esa línea, el médico sanitarista Mario Rovere —director de la Escuela de Gobierno en Salud de la Provincia de Buenos Aires— describió un escenario de barreras económicas concretas: “En el tercer anillo del conurbano, en los primeros meses del 2024, la gente no llegaba a los hospitales porque no tenía dinero para el transporte”.
El reporte oficial no sólo advierte sobre mortalidad infantil. También refleja un aumento de 1,2 puntos en la mortalidad materna, otro termómetro crítico que suele estar asociado a dificultades para acceder a controles prenatales y a la atención oportuna de emergencias obstétricas.
El panorama, señalan los especialistas, contrasta con el de países vecinos como Chile y Uruguay, que mantienen indicadores más bajos y estables, lo que vuelve a colocar a Argentina ante un desafío sanitario que exige respuestas sostenidas.
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