El educador canino Diego Salvatori lanzó una dura advertencia sobre la problemática de los perros asilvestrados y ferales en Tierra del Fuego, al señalar que se trata de una situación crítica, acumulada durante décadas, y sin una solución inmediata a la vista.
En declaraciones radiales, Salvatori sostuvo que el escenario actual es consecuencia directa de la falta de educación en tenencia responsable y de políticas sostenidas en el tiempo. “Esto no se generó de un día para el otro, estamos hablando de por lo menos 30 años de descuido”, afirmó, al tiempo que remarcó que la provincia ya atraviesa una etapa muy avanzada del problema.
El especialista explicó la diferencia entre perros asilvestrados, que tuvieron contacto humano pero luego se adaptaron a la vida silvestre, y perros ferales, que nacen y crecen sin ningún tipo de vínculo con personas. En este último caso, advirtió que la posibilidad de captura o reeducación es prácticamente inexistente, ya que nunca atravesaron una etapa de socialización con humanos.
Jaurías organizadas y ataques masivos
Salvatori describió que los perros se organizan en jaurías con roles definidos, similares a los de los lobos, lo que les permite llevar adelante ataques coordinados. “Cuando se juntan 12 o 15 perros, pueden matar más de 100 ovejas en una sola noche. Los números son alarmantes”, señaló.En ese sentido, afirmó que no existe en el país otra región donde el problema alcance la magnitud que se observa en Tierra del Fuego, aunque reconoció que en otras zonas de la Patagonia también se registran episodios, pero de menor escala.
Riesgo para las personas
Más allá del impacto en la producción ganadera, el educador canino alertó que la situación también puede derivar en hechos graves que involucren a personas. “Lamentablemente, muchas veces recién se reacciona cuando ocurre una tragedia. En Argentina no sabemos trabajar en prevención, actuamos después del hecho consumado”, expresó.
Límites de los perros protectores de ganado
Consultado sobre el uso de perros protectores de ganado como posible alternativa, Salvatori aclaró que pueden ser una herramienta complementaria, pero no una solución de fondo. Explicó que estos animales recién están operativos luego de uno o dos años de formación y que no resultan eficaces frente a jaurías numerosas. “Un perro protector o incluso un burro no puede hacer nada si le vienen 15 o 20 perros”, sostuvo.
Educación y control, las claves
Para Salvatori, el eje del problema sigue siendo la falta de conciencia ciudadana. Criticó la costumbre de dejar perros sueltos durante la noche, lo que facilita la formación de jaurías y los ataques en zonas rurales. “Cuando tratamos al perro como si fuera una persona y no como lo que es, aparecen los problemas de conducta”, explicó.Finalmente, advirtió que, aun con campañas de castración, identificación y control en las ciudades, el mayor desafío será abordar la población de perros ferales que ya se reproduce en el campo. “La proyección es geométrica y cada año el problema se agrava más. Si no se toman medidas urgentes y duras, la situación va a seguir empeorando”, concluyó.
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